Robo de arte sacro, una industria creciente
Por Ignacio Dávalos.
Robo de arte sacro, una industria creciente - Por Ignacio Dávalos
En México, la sustracción de obras religiosas se presta para toda clase de cuestiones y reflexiones. A pesar de su poca notoriedad, se trata de una de las actividades ilícitas que más ha crecido en nuestro país. Su práctica ha aumentado en los últimos 20 años hasta en un 600 por ciento, con un total de 26 iglesias afectadas cada semana.
Robar a Dios. El tópico ha sido motor de varios cuentos literarios, objeto de estudio para estudiantes de sociología, causa de chistes, centro de intolerantes religiosos que ven en la iglesia católica a un órgano represor del estatus quo y hasta tema central de tramas de cortometrajes. El robo de arte sacro se presta para toda clase de cuestiones y reflexiones. Lo que pocos se imaginan es que este problema ha ido creciendo con un ritmo importante en los últimos años hasta convertirse en una de las actividades criminales más rentables por las ganancias que reporta y la mínima persecución que hay por parte de las autoridades.
Para muestra, un botón. Desde los tiempos del periodo histórico conocido como “guerra de reforma”, encabezado por Benito Juárez que, entre otras cosas, devino en la separación del estado e iglesia; se determinó que el acervo de arte sacro era propiedad de la nación y seguirían estando en los templos, fungiendo la iglesia católica como depositaria de este acervo. En México se tiene registrados más de 19 mil espacios destinados al culto religioso. En ellos se albergan más de cuatro millones y medio de piezas de arte sacro, convirtiendo así a nuestro país en uno de los más ricos de América Latina en este rubro. No obstante, el tráfico de este tipo de arte ha crecido en los últimos 20 años hasta en un 600 por ciento, con un total de 26 iglesias afectadas cada semana.
Según este mismo estudio, hasta antes del año 2000, se tenía un promedio de unos cuatro templos profanados a la semana. Luego, entre 2000 y 2006 la cifra aumentó a un promedio de ocho templos a la semana. No obstante, en el presente sexenio la cifra aumentó hasta un promedio de 26 templos atacados a la semana. Es decir, se ha tenido un aumento de hasta el 600 por ciento en los últimos 20 años.
Del gran total de ataques que sufren los templos, se tienen varias categorías: el que tiene que ver con el interés económico, el que tiene que ver con robo hormiga (algún ciudadano que se roba la canasta de las limosnas o utensilios con cierto valor) y el que se hace por simple ataque religioso. El 42 por ciento de ellos tienen que ver con el crimen organizados. Es decir, semanalmente se atacan once templos para lucrar con piezas de arte sacro.
Aunque se cree que el mercado natural para estas piezas es el internacional. En febrero del año pasado se recuperaron dos piezas del siglo XVII en la galería de arte Casa Terranova, en el Centro Histórico de Tlaquepaque, cada una se ofrecía al público a un precio de 35 mil dólares. Mientras que el pasado 11 de septiembre, en una finca de la colonia Jardines del Bosque, se recuperó una pieza que había sido robada en 2009 de una iglesia en el municipio de contra de Juan Cuamatzi, en Tlaxcala.
Según las investigaciones policiales, una de las razones que apuntan al incremento del tráfico de arte sacro tiene que ver con el lavado de dinero. Al tener agentes aduanales poco o nulamente preparados para identificar este tipo de piezas, se les puede sacar del país fácilmente. Además, hasta ahora no se tiene un inventario que contenga el patrimonio que tiene el país en este rubro.
“Las causas son muchas. Por un lado, está el interés de siempre de personas que acumulan riqueza y creen acumular poder o estatus con la adquisición de este tipo de arte, que es histórico. También está la moda de coleccionar antigüedades. Y por otro lado, la facilidad que tienen las organizaciones que se dedican a esto para promocionar este tipo de piezas a través del Internet, una herramienta que han sabido explotar para encontrar clientes en cualquier parte del mundo”, expresa Paco de la Peña, director del Museo Regional.
La zona Centro, el Bajío y el Occidente del país son las zonas en donde más se sufre este mal y se considera que hay redes de personas que acuden a los templos y toman fotografías de las piezas que se exhiben al público. Luego arman sus propios catálogos, que son difundidos a través de internet entre aquellos círculos que tienen el interés y poder adquisitivo suficiente para comprar alguna pieza. Cuando un cliente se interesa, se ejecuta el robo. Es decir, en algunos casos, cuando se roba una pieza particular, esta ya tiene un cliente esperándola. “Son modos de actuar en donde se conjuga la poca seguridad de los templos, la poca preparación de las autoridades para perseguir y el interés de un tercero que pone a funcionar la maquinaria. Si tomas en cuenta el bajísimo porcentaje que se tiene para recuperar una pieza, te das cuenta que para un delincuente la operación es muy atractiva”, concluye Paco de la Peña.
Claves
El problema
• En México se tienen registrados más de 19 mil espacios destinados al culto religioso. En ellos se albergan más de cuatro millones y medio de piezas de arte sacro
• No obstante, el tráfico de este tipo de arte ha crecido en los últimos 20 años hasta en un 600 por ciento, con un total de 26 iglesias afectadas cada semana
• Las entidades federativas donde se concentra este tipo de robo son Tlaxcala, Morelos, Hidalgo, Guanajuato, San Luis Potosí, Zacatecas, Puebla, Jalisco, Estado de México y la ciudad de México
• México no cuenta con un inventario que le permita identificar puntualmente su patrimonio en arte sacro. Está entre los tres países del mundo en donde más tráfico de este tipo se registra
• Se calcula que las ganancias por este tráfico alcanzan hasta los ocho millones de dólares anuales. Cada pieza puede alcanzar un precio que va desde los mil hasta los cien mil dólares
Tomado de: Milenio On Line
http://impreso.milenio.com
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