Miércoles, 12 de Octubre de 2011 20:37
Escrito por Fernando Almarza Rísquez

Notas para provocar ["La cuestión no es sólo decir alguna cosa, tomar posición, sino también crear una provocación Fructífera". Hans Haacke. Artista alemán contemporáneo.]
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Existe el movimiento " Ocupar los Museos.. para darlos al pueblo". |
Las problemáticas socioeconómicas de la actualidad mundial son inocultables; el movimiento de los Indignados da muestras de voz y presencia que reclama reales derechos. Hacen legítima crítica ante circunstancias de las que son víctimas: desigual distribución de la riqueza, de derechos y oportunidades (con sus implícitos deberes y responsabilidades). Otros grupos tan indignados como necesitados, los Okupas, están ocupando edificios deshabitados en latitudes europeas y latinoamericanas.
Pero ante tales legítimas indignaciones es urgente una mirada crítica, cuando se cuelan resentidas intenciones manipuladoras con fines politiqueros y obsoletos.
Está apareciendo en los EEUU un sub-grupo de los Ocuppy Wall Street, operando bajo la consigna de “Ocupar los museos” (Ocuppy museums). Un problema indeseado sería su mecánica repercusión en otras latitudes, como nuestras realidades socioculturales y museísticas latinoamericanas. Es fácil captar la banalidad de criterios de estos museo-ocupas.
La argumentación de los Ocuppy museums no va más allá de ataques al “capital burgués” y otros clichés, en una racionalidad y discurso obsoletos, que acaso expresaban muy parcialmente el panorama sociopolítico e ideológico de la segunda mitad del siglo XIX.
La pretensión de “dar los museos al pueblo” expresa el problema de no (querer) entender qué son las instituciones museísticas. Estas requieren de conocedora gerencia, de estructura y disponibilidad de fondos para funcionar y mantener sus colecciones, infraestructuras, equipos, y tecnologías de información y redes sociales (mismas que permiten, estimulan y activan la apropiación de la dimensión simbólica de aquello musealizado por, con y para la población, con sus abiertas opciones de participación y co-gestión).
Argumentos como esos no van más allá de sus formulaciones simplistas, banales y viscerales, al pensar que si los museos son entregados “al pueblo” van a funcionar mejor. En el mejor de los casos, buscarían sustituir una reapropiación de “capital simbólico” (Bourdieu) por otra: lo que antes era del “burgués” ahora deberá ser “del pueblo”, como si esa contra-reapropiación no fuera lo mismo que ellos critican.
“Dar los museos al pueblo” no es poner en cargos clave a gente sin preparación. Si entre quienes forman parte de los museo-ocupas se encuentran varios artistas, sería interesante ver si mantendrían esa actitud una vez que ingresaran al circuito museístico “burgués” y sus obras estén expuestas en sus espacios.
Es para oídos fácilmente impresionables el argumento de que la gestión museística debe hacerse a manera de “asamblea” pública, como si eso fuese garantía de que “el pueblo” tendría mayor presencia en los museos. Como si las problemáticas museísticas actuales fueran cosa de discutirse con algún grupo de bienintencionadas personas en una plaza abierta o una parada de autobús. Primero, los museo-ocupas deberían entender y explicar qué entienden por “pueblo” y “museo”, y luego percatarse de cómo se da en la actualidad la presencia de ese pueblo en el museo, muy interactiva por demás.
Las problemáticas y discusiones de la museística hoy abordan argumentaciones superiores a las que presentan los museo-ocupas. Cito a García Canclini, cuando apunta que “es preciso repensar las tareas de los museos concebidas como parte del desarrollo moderno, en una época en que están reformulándose muchos debates de la modernidad: culto vs. popular, arte público vs. vanguardias, nacional vs. global, instituciones localizadas vs. redes virtuales”.[1]
Hay una enorme distancia –argumental, crítica, cultural, política, intelectual- entre esto y “dar los museos al pueblo”. No dudo de que los museo-ocupas desconozcan la evolución que han tenido los museos, desde su aparición formal en la época de la Ilustración en el siglo XVII. Si bien la institución museo apareció en la modernidad como colecciones de expolios y colonización (expansión imperial), pasó a ser en el siglo XIX síntesis de historias vanguardistas y nacionalismos locales homogeneizados (culturas nacionales).
Para la primera mitad del siglo XX el museo (de arte) fue para la glorificación del artista como sujeto y su obra como expresión de su talento personal (genialidad individual); y en su segunda mitad pasó a ser escenario de acción de arquitectos, empresarios con poder de financiación, y directores (espectáculo arquitectónico y escenográfico-museográfico, grandes y vistosas sedes).
A finales del XX y comienzos del siglo XXI el giro fue hacia el protagonismo del curador y del director, más las diversas asociaciones inter-museísticas como el trabajo en red, siendo la reciente expresión del museo la de su interconexión en redes de información social, en las que el intercambio del museo y el entorno social (que ya no “el público”) es activo participante, co-transmisor y co-creador.
Y un último giro, al par con el anterior, viene dado por reordenaciones de texto, contexto y relectura de ítems coleccionados, curados y expuestos. El enfoque y práctica curatorial de corte etnográfico está presente, tocando las problemáticas de la diferencia, la otredad y sus inter-contactos, la memoria, historias y costumbres, los lazos de lo legítimo local en el marco de lo no menos legítimo global, sentidos re-contextualizados, resignificaciones del objeto y valores presentes en éste (Cfr. García Canclini, cit., pp. 132 y ss.). Esto implica además la valoración del testimonio, del protagonista de esos objetos, aunada a la interrelación de disciplinas, que trascienden la “pura” museología-museografía o la historia del arte. Y todo esto en una bien entendida reapropiación cultural, ajena a resentimientos obsoletos.
De modo que la práctica museística y curatorial hoy día se mueve ya no (solo) con objetos musealizados, sino con los “espacios de contacto” (García Canclini) entre aquellos otros con quienes, parafraseando al sociólogo francés Jean Duvignaud, el factor de reunificación viene dado por las diferencias más que por las semejanzas, dando lugar así a lo positivo de esa diferencia ahora re-entendida. De modo que la crítica institucional a los museos, hecha contra una pretendida expresión “burguesa” de los mismos es, cuando menos, extemporánea y francamente obsoleta.
Con todo lo que hay que mejorar y evolucionar en la institución museística hoy, nunca antes los museos habían estado tan abiertos como ahora a la participación interactiva y a la bien entendida reapropiación de sus contenidos objetuales, culturales y simbólicos. La diversidad de recursos y medios, más la apertura criterial se evidencia ante todos, menos ante los museo-ocupas.
Cierro esta Nota para provocar citando a Germano París: “Desde ciertos sectores del mundo del arte se ha criticado una postura excesivamente naif por parte de Ocuppy Museums al dirigir sus críticas hacia los museos y no hacia las grandes galerías y las ferias de arte que son las que mantienen un mercado del arte elitista y especulativo.”[2]
También este interesante argumento hace evidente la falta de tino, de criterio y de análisis de los museo-ocupas, aunque a estos les sobra visceralidad, superficialidad e inmediatez de poco alcance.
[1] García Canclini, Néstor. “¿Los arquitectos y el espectáculo les hacen mal a los museos?”, en El museo en escena Política y cultura en América Latina. Américo Castilla (comp.). Fundación TyPA, Paidós Entornos. Buenos. Aires, 2010. 1° ed., pp. 131-143.
[2] “Ocupar los Museos”. Germano París. www.contraindicaciones.net/2011/10/ocupar-los-museos.html. Publicado el 29 de Octubre 2011. En este artículo se copian in extenso los “manifiestos” de estos ocupas y de sus movimientos antecesores de los años 60. En la web se encuentra ahora abundante información crítica sobre estas pretensiones.
Imágenes:
Protesta: http://www.contraindicaciones.net/2011/10/ocupar-los-museos.htm
Logo Occupy Museums: http://paddyjohnson.tumblr.com/post/11652516894/occupy-museums-speaking-out-in-front-of-the-cannons
Fernando Almarza Rísquez
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Comentarios
Anna Leshchenko
Moscú-Rusia
Marzo 2012
De casualidad estuve presente en la ocupación del grupo Occupy Museums en las afueras del MOMA en octubre de 2011. Yo acudía en una visita turística a NYC, y como siempre quedaba satisfecha luego de la vista a un museo de primera categoría.
Me sentí como en medio de un rodaje al puro estilo Hollywood cuando al atravesar la puerta del Moma encontré a unos 10 ciudadanos, una de ellas ocultando su identidad tras una máscara de mono, y que venían con rústicos carteles parecidos a los que vi en Liberty Square el día anterior. Esta vez la frase ya no rezaba “Occupy Wall Street” sino “Occupy Museums”.
Si Occupy Wall Street me resultaba difícil de comprender, ver a estos ocupantes de museos me resultó tan irreal que llegué a pensar que aun estaba dentro del museo, y que me había perdido en la irrealidad de uno de los mundos que construyó Dali en sus obras, (las que acababa de admirar gracias a que un museo como el MOMA existe).
Pero esto era real y yo estaba allí, presenciando con inverosimilitud como un grupo de gente trataba de deslegitimar el trabajo que realizan los museos en Estados Unidos.
Enseguida recordé que justo antes de salir del museo, había encontrado, en un muro del hall, una placa con más de 50 nombres de los donantes del museo de los últimos 6 meses. Cuando la vi, admiré como los museos en Estados Unidos se sostienen en perfectas condiciones gracias a que gente con la posibilidad de donar una parte de su fortuna se siente comprometido con la labor cultural de su país. Pensé que deberíamos implementar ese modelo en mi país, porqué no...
Evidentemente, esto nos indica que en los Estados Unidos existe una fuerte participación de la ciudadanía en la cultura debido a su sistema económico donde el estado no patrocina las actividades culturales como ocurre en los países latinoamericano s. Y es gracias al interés de algunos ciudadanos, tal vez los más adinerados, que llegan a construirse colecciones incomparables albergadas en maravillosos museos que además son los pioneros en adoptar las nuevas tendencias museológicas y museográficas, con programas de acceso a la cultura, actividades educativas permanentes y personal especializado.
Contradictoriam ente a este panorama que acaba de disfrutar al interior del museo, en las afueras del mismo noté que gran parte del discurso de estos "ocupantes" (quienes con la repetición constante de sus frases llegaron a aniquilar el poco sentido que tenían) acusaban a la gestión privada de los museos, y la intervención de los llamados “burgueses” como algo negativo para los museos. Sin embargo, mientras visitaba el MOMA (antes de encontrarme con Occupy Museums) yo me maravillaba de la cantidad de obras donadas por particulares, y la gran inversión de la familia Rockefeller para que actualmente exista uno de los Museos de Arte Moderno más importante a nivel mundial.
Estoy segura que esta gente que se cobija bajo la marca “Occupy” no conoce ni de lejos la realidad de un pequeño museo privado o a veces público como tantos de nuestra región latinoamericana , que con dificultad logran sustentarse por la falta de soporte económico del sector privado, y que subsisten ante un estado con déficit fiscal que no siempre atiende a la cultura entre sus prioridades.
Puede ser que estos “idealistas”, escondidos tras la máscara de mono, crean todavía que el socialismo es la respuesta a sus inquietudes frente al actual sistema económico. Pero tal vez me estoy atreviendo a sobre estimar las intenciones de este grupo cuyos rostros hasta ahora los tengo en mi mente, mientras fragmentos de sus frases dan la vuelta en mi cabeza como picoteando los “mensajes” tan sin sentido que promulgaban y que no parecían muy llenos de contenido.
Occupy Museums pareció ser la respuesta de un grupo de ciudadanos promedio norteamericanos , que estudiaron artes en una universidad neoyorquina pagando más de 50mil dólares anuales, y que, dado que su arte no ha podido trascender, buscan la manera de bombardear el arte de los demás. Digo esto porque entre sus coros y repeticiones, al puro estilo de la “Asamblea Occupy” (que inventó el sistema del micrófono humano), se escuchaban exigencias puntuales sobre nombres de artistas que deberían estar exhibiendo en el MOMA y que por culpa de los burgueses que lo manejan no se encuentran llenando esas salas.
¿Eran acaso sus propios nombres?
¿Es su lucha es puro resentimiento contra los que si han llegado de verdad a ocupar con su arte las salas de exposición del MOMA, o es que en medio del furor de una revuelta social se vuelve válido revelarse sin fundamentos?
Yo personalmente admiro la labor de los museos Norteamericanos con sus sistema de manejo privado. De la misma manera admiro la gestión de los museos Europeos manejados por un sistema de subsidio estatal. En general admiro la labor de cada museo grande o pequeño, ubicado en un país en vías de desarrollo o en una potencia mundial. Admiro la labor que cada día los profesionales de museos realizamos para responder a las exigencias sociales sin dejar de lado nuestro compromiso con el patrimonio cultural.
Y sobre todo no creo que es pertinente que un grupo enmascarado con un panfleto redactado sin fundamentos teóricos y sin conocimiento de causa, pretenda juzgar el trabajo de quienes vivimos por los museos y trabajamos para que los museos puedan ser construidos por y para la colectividad.
María Gabriela Mena G.
Quito-Ecuador
Febrero 2012